Un penpal, o amigo por correspondencia, es un amigo al que conoces por carta y, casi siempre, solo por carta. Nunca has visto a esa persona. Puede que nunca la veas. Lo que hay entre los dos es lo que se han escrito, y al cabo de unos meses eso puede ser más de lo que la mayoría de la gente sabe de sus vecinos.
La palabra inglesa ya tiene sus años, tantos que acumula dos grafías (pen pal, penpal), un primo británico (pen friend) y toda una familia de traducciones que se buscan a diario: la nuestra, amigo por correspondencia, y también Brieffreund, correspondant, 笔友, ペンパル, 펜팔 y sahabat pena. Todas nombran el mismo trato, un poco raro: dos personas que deciden conocerse despacio, por escrito y a propósito.
De dónde viene
La amistad por correspondencia organizada es un invento de los años treinta. En 1936, el Student Letter Exchange empezó a poner en contacto a escolares de distintos países con una idea muy sencilla: a un niño que tiene un amigo en otro país le costará más odiar ese país el día de mañana. Durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, los programas de amigos por correspondencia fueron una forma discreta de diplomacia: gente corriente de bandos enfrentados descubría así que al otro lado también había cocinas y tareas del colegio.
En los setenta y los ochenta, el amigo por carta ya era toda una institución entre adolescentes. Lo encontrabas en las últimas páginas de una revista, en un club (International Pen Friends, fundado en Dublín en 1967, ha puesto en contacto a millones de personas) o en el programa de intercambio del colegio, y le escribías en ese papel de correo aéreo, azul y finísimo, porque mandarlo salía más barato. Lo emocionante era la espera. La respuesta desde Japón tardaba tres semanas en llegar, y las valía todas.
El correo electrónico tenía que haberlo matado y, durante un tiempo, lo mató. ¿Para qué esperar tres semanas? Después resultó que la gracia estaba precisamente en esperar.
Lo que no es un amigo por carta
Conviene aclarar lo que la palabra no significa, porque internet la ha estirado como un chicle.
- No es un chat. Un chat es una conversación que está pasando ahora mismo. En un carteo, cada uno escribe a solas y luego lee a solas. La demora no es un fallo del envío: es el rato en el que se piensa.
- No es una cita. Hay muchos amigos por carta que terminan siendo pareja, y no pocas webs de «amigos por correspondencia» son webs de citas con cara de no haber roto un plato. Pero un amigo por carta, lo que se dice un amigo por carta, es alguien a quien no le estás poniendo nota.
- No es un seguidor. No se trata de ganarte un público de una sola persona. Aquí nadie posa para nadie. Todo su encanto está en que es privado y no se puede hacer en serie.
- No es un libro de terror. Para más confusión, Penpal es también el título de una novela de terror muy conocida de Dathan Auerbach, y por eso, si buscas la palabra, te salen tantos lectores muertos de miedo. No tiene nada que ver. Muy buen libro, eso sí.
Por qué la gente vuelve a buscar amigos por carta
El interés por los amigos por correspondencia lleva tres años subiendo en los buscadores, y lo que se teclea dice mucho. No se busca club ni revista: se busca cómo encontrar un amigo por correspondencia, qué preguntarle a un amigo por correspondencia, app de amigos por correspondencia. No es nostalgia. La gente busca algo muy concreto que no le dan las herramientas que ya tiene.
En parte es la soledad, que ya se mide y ya es oficial: en 2023, el director general de Salud Pública de Estados Unidos (el Surgeon General) la calificó de epidemia, y en la mayoría de los países ricos la mitad de los adultos dice sentirla de forma habitual. Pero el motivo más interesante es que la gente está cansada, y de una forma muy concreta. Cansada de que la vean antes de conocerla. De que su cara sea lo primero que se sabe de ella. De conversaciones que no terminan nunca porque no hay un último mensaje.
Un amigo por carta resuelve justo esas tres cosas. Te conocen antes de verte. Lo primero que se sabe de ti son tus palabras. Y una carta tiene final.
Cómo es en 2026
La versión de hoy se ha quedado con lo que importaba y ha soltado lo que no. Las tres semanas del correo aéreo no las añora nadie por sí mismas; lo que se añora es lo que salía de ellas. Por eso las nuevas salas de amigos por correspondencia conservan la forma de una carta —una cosa cada vez, escrita entera, contestada entera— y dejan que la entrega vaya todo lo rápido que quiera.
Kindredly es una de esas salas, y lleva la idea más lejos que la mayoría: no hay perfiles, ni uno. Escribes unas líneas y, desde ese momento, tus cartas van a desconocidos cuya escritura se parece a la tuya: el mismo ritmo, las mismas manías, la misma forma de terminar una frase. Cada día te llegan al escritorio quince cartas, ninguna con nombre, y la que contestes, sea cual sea, se convierte en una correspondencia privada, carta a carta. Después de cinco cartas cada uno, se pueden intercambiar los nombres. O seguir siendo dos desconocidos que, quién lo diría, se conocen. Eso también se puede.
En una línea
Un amigo por carta es alguien que te conoce por lo que le escribiste y que, aun así, te contestó. Si nunca has tenido uno, el escritorio está abierto, y para leer lo que hay hoy encima no hace falta crear cuenta.